Fuente: La Tercera

Texto de Susana Madera desde Ecuador

El Parque Nacional Yasuní es una de las zonas con mayor biodiversidad del mundo y en uno de sus vértices se ha descubierto un gran yacimiento petrolero, conocido como Ishpingo Tambococha Tiputini (ITT), listo para ser explotado. Sin embargo, durante seis años, Ecuador intentó mover las conciencias y los bolsillos de la comunidad internacional para que aportara económicamente la mitad de lo que significaría la no explotación del petróleo, mientras que el país andino asumiría la otra mitad de la aportación. Todo con el fin de salvar la reserva de la biósfera.

El intento falló y en agosto pasado Correa anunció la eliminación de la iniciativa Yasuní-ITT porque, según dijo entonces, “el mundo nos ha fallado” al no contribuir con el proyecto que pretendía proteger un sector de la selva amazónica y dejar bajo tierra un importante yacimiento petrolífero. “El factor fundamental del fracaso (del proyecto) es que el mundo es una gran hipocresía”, aseguró entonces Correa, que requiere del dinero proveniente de la extracción para combatir la pobreza.

Último recurso: firmas por una consulta

En respuesta a la situación planteada por el gobierno, tras unos seis meses de trabajo, la organización Yasunidos presentó más de 700.000 firmas al Consejo Nacional Electoral (CNE) en busca de una consulta para evitar esta extracción que se practicaría en una zona del parque nacional Yasuní, considerado reserva de la Biosfera. Las firmas presentadas al Consejo Nacional Electoral superan por miles las exigidas por la ley, una especie de “colchón” que Yasunidos quería garantizar ante la posibilidad de que algunas sean desechadas en el proceso de verificación.

La respuesta de Correa

Correa ha asegurado que el aprovechamiento de las reservas del ITT representará unos ingresos por unos 18.000 millones de dólares y que la explotación petrolera en el Yasuní afectará “menos del uno por mil del Parque”, que abarca un millón de hectáreas. Críticos a esos datos, Yasunidos ha insistido en que se producirán daños ambientales si no se deja bajo tierra el petróleo de la zona. Seguro de la contundencia de su tesis, Correa dice que no teme el veredicto del pueblo y defendió el derecho ciudadano para la recolección de las rúbricas.

La irrupción de YASunidos en la democracia de Ecuador

Con una primera batalla vencida con la recolección de las firmas, Yasunidos deberá ir superando otras etapas que exige la ley para poder llevar el tema a las urnas, en un proceso que, resultados aparte, muestra nuevos caminos en el tránsito de una sociedad pasiva a una activa. Aunque ha habido otro tipo de movimientos sociales en Ecuador en el pasado, Yasunidos es, hoy por hoy, el más visible y uno de los más conocidos, entre otros, porque flamea la “defensa de la vida” como bandera, algo que trasciende todo etiquetado.

“Ya hemos dicho que la defensa del Yasuní no tiene ideologías, ni partidos políticos, es una lucha por la vida”, recalca Yasunidos, que se define como una unión de jóvenes, artistas, organizaciones y demás personas, para proteger al Parque Nacional Yasuní y sus comunidades indígenas del extractivismo. El sociólogo Ricardo Cobo, habla de un tránsito de lo vertical a lo horizontal en el ejercicio de la democracia, en el que Yasunidos es “una forma, una expresión” y tan solo la “punta del iceberg” dentro de una tendencia que empuja el surgimiento de una ciudadanía activa, de una democracia horizontal, que se repite a nivel mundial.

El valor de Internet

Como en otros países, Yasunidos también ha apoyado su lucha en las redes sociales —poseen además el sitio yasunidos.org—, una de las herramientas que han facilitado la transmisión de información y la comunicación, cuna de diversas voces, que, cada cual por su lado, aporta en la construcción de la democracia horizontal. Con la ciudadanía buscando nuevas formas de articulación y organización, Cobo cree que, aunque no se puede involucrar a toda la sociedad en general, hay segmentos que van encontrando caminos para transitar a nuevas formas de democracia, lo que va perfilando un “nuevo marcaje de la cancha” en la acción política y cívica.