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En el país de las deudas lo importante es salvar el sistema de crédito: reflexión sobre un Chile post crisis Covid-19

por | May 4, 2020 | Editorial, Leer | 0 Comentarios

Hoy los dueños de las grandes fortunas del país no están preocupados. Cuando esto pase serán los que entregarán créditos a «razonables» tasas de interés, a 48 o más cuotas, para que los ciudadanos que hoy no tienen más opción que estar confinados y con empleos suspendidos, se salven ellos mismos. Y de paso sigan haciéndolos ricos.

Y es que el pueblo chileno no tiene otra opción. El Estado está ausente. Y la tesis la confirmó el Gobierno de Sebastián Piñera luego de que se aprobara y aplicara una ley llamada eufemísticamente «De Protección al Empleo», que en realidad le da la capacidad a los empleadores para suspender los contratos de trabajo, eludir su responsabilidad de pagar sueldos y traspasar el deber de pago—a diferencia de la experiencia española— a los seguros de cesantía, los que son producto del ahorro de los mismos trabajadores. En resumen cada uno se salva con su propio dinero.

En el caso español fue el Estado el que puso el dinero para pagar los sueldos de contratos «suspendidos», pero en el Chile Neoliberal eso no tiene posibilidad ideológica. No está en la ética de los que gobiernan.

Y asumiendo esa realidad neoliberal, asumiendo ingenuamente que esa es una elección libre del país (ignorando la implantación del sistema previa dictadura y represión en los 70 y 80) no parece una idea tan mala en la intención, si no hubiesen dos consideraciones que agravan el panorama para las personas:

Primero, la ley «De Protección al Empleo» estaba originalmente pensada para Pequeñas y Medianas Empresas y, además, incluía una reglamentación que suspendía la suspensión (valga la redundancia), durante el Estado de Catástrofe. En pocas palabras, no se aplica en las actuales circunstancias. Sin embargo, el Estado no ha garantizado la aplicación de esta parte de la ley. En consecuencia, los trabajadores quedaron desprotegidos y, nuevamente, se confirma que están sujetos al apoyo de sus propios ahorros y que el Estado no hará nada por ellos.

En segundo lugar, hay que considerar que el endeudamiento de los hogares en Chile ya es alto y no tienen capacidad de ahorro. En su informe de Cuentas Nacionales de Chile por sector institucional, correspondiente al tercer trimestre de 2019, el Banco Central de Chile indicó que la deuda de los hogares del país llegó a un 75% del ingreso disponible a la fecha.

Entonces ¿Qué pasará en Chile?

Esta situación nos lleva a varias consideraciones. La principal es que en el país del crédito no todos tienen el mismo crédito. Mientras los ciudadanos tienen créditos con interés y anatocismo, de las grandes empresas, bancos, casas comerciales, mientras el Estado está ausente para ellos; por su parte, las empresas tienen línea directa y crédito del Estado y a tasas preferentes.

Prueba de esto último, es que mientras el Gobierno chileno no puso dinero para los sueldos de trabajadores, sí puso líneas de crédito para grandes fortunas. ¿Cómo lo hizo? Bajo el pretexto de financiar a las pymes, entregó dinero a los bancos, para que ellos abrieran créditos a las pymes, según sus propios criterios comerciales. Hasta ahora no hay claridad respecto de si en realidad eso está ayudando a las pymes.

Y de muestra un tuit:

En otra línea, varios senadores ya se mostraron dispuestos a financiar también el problema en que ha quedado la aerolínea latinoamericana Latam con base en Brasil, debido a los viajes suspendidos. ¿Se expropiará parte de Latam? ¿El Estado comprará acciones? Ninguna de estas opciones están en primer lugar.

¿Y las familias comunes? Hasta ahora las pocas y más ciertas acciones económicas del gobierno se orientan a asegurar las grandes fortunas. Y por consecuencia, ¿cuál es la hipótesis terrorífica para la población chilena?: el Estado, en manos de un grupo político que funciona en simbiosis con los grupos económicos, estaría más preocupado de afirmar las bases del sistema crediticio que hasta ahora es el que realmente mantiene funcionando la economía chilena.

¿Cómo es esto? La realidad es que un chileno promedio llamado —de nuevo eufemísticamente «clase media»—, tiene una casa comprada por hipoteca, compra su automóvil con un crédito «inteligente» y con suerte paga su comida diaria al contado, así como los servicios básicos. Aunque también tiene siempre al tope una tarjeta de «casa comercial». Así es como el 75% de su sueldo se va a pagar deuda.

Y Sebastián Piñera mantiene, en cambio, para los ciudadanos comunes, un Estado Ausente, porque sabe él —un gran oportunista económico—, que esta crisis de las personas es una oportunidad para que el sistema de crédito siga haciendo su negocio, siguiendo las mismas reglas.

Es preferente, para el Gobierno Neoliberal, que el sistema se mantenga funcionando en sus bases, porque cuando eso pase, será el sistema el que «salve» a las familias a través de un nuevo endeudamiento.

Y esto alcanza niveles tan profundos como en el consumo de servicios básicos. Por ejemplo, una compañía de electricidad de nombre Chilquinta, hoy no condonó pagos de servicios, tampoco el Estado está subsidiando a las familias para seguir recibiendo electricidad, sino que es la misma empresa la que dará una linea de crédito sin intereses a las familias para pagar, cuando esto pase, toda la deuda acumulada, en cómodas cuotas mensuales.

Pero ¿Quién dice que familias que antes de las crisis tenían un ingreso promedio de menos de 500 dólares, después de la pandemia, serán capaces de pagar las nuevas deudas acumuladas? Lo más probable es que no puedan pagarlas. ¿Quién llegará a «salvarlas»? Nuevos créditos. Nuevos intereses, nuevas ganancias, para el 1% que se lleva hoy la mayor parte de la riqueza en Chile.

El problema, para el modelo chileno, es que fue este nivel de endeudamiento —que ya en 2019 llegaba al 73%, o sea no es un fenómeno nuevo— una de las razones detrás de la profunda crisis política de fines del año pasado.

Desde ese punto de vista, parece demasiado optimista que la crisis chilena se pueda resolver solo con crédito.

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