Las caras del dolor en Chile: los 67 días de Lincoyán Ríos en el limbo de la injusticia

por | Ene 29, 2020 | Reportaje, Textos | 0 Comentarios

La historia de Lincoyán Ríos trae a la memoria la desaparición de niñas en Alto Hospicio, donde su situación de pobreza las hizo ser ignoradas, hasta que una escapó logrando denunciar secuestro y violación. Tuvo suerte porque otras murieron. Todo frente a la negligencia policial. En este caso, los mismos ingredientes: pobreza, enfermedad mental, rabia y choque contra un país insensible.

Sospechosa y violenta detención

En el contexto de las manifestaciones sociales, llamó la atención en las redes sociales lo ocurrido con Lincoyán Ríos Pinto, de quien se denunció llevaba 60 días detenido, esperando atención del tribunal mientras sufría un grave estado de salud mental y sicológico.

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Hijo de Marisol del Carmen Pinto y Cristian Ríos, Lincoyán, fue detenido, según la audiencia de formalización del 22 de noviembre de 2019, por Robo con Intimidación y Receptación. Con certificado de nacimiento en Iquique, registraba antes domicilio en Cerro Navia, Santiago, desde donde su abuela salió en su defensa, con una declaración aparecida en Facebook:

«Mi nombre es Gilda Zúñiga, abuela paterna de Lincoyán Ríos Pinto, chileno, nacido el 11/03/1994 en Iquique (CI: 18.372.567-K), quien el día 23 de Octubre durante el toque de queda impuesto por el gobierno para reprimir el estallido social, fue tomado detenido por Carabineros y acusado falsamente de robo (junto a otro joven), por lo que le fue impuesta una medida cautelar que lo obligaba a mantenerse 24hrs. en su domicilio por 60 días consecutivos.

El día 21 de Noviembre salió en su vehículo particular, desde su domicilio ubicado en Alto Hospicio, hacia Iquique y se encontró con una barricada donde se le reventaron los neumáticos, por lo que se quedó en ese lugar junto a otros jóvenes que protestaban. Llegando carabineros al lugar, se vio en la desesperación de arrancar, debido a la medida cautelar mencionada anteriormente».

Gilda Zúñiga, abuela paterna

Lo que siguió según la abuela de Lincoyán, fue lo que conocemos como la repetición de las ya habituales prácticas de Carabineros de Chile contra detenidos y manifestantes de las protestas que se han realizado en el país desde el 18 de Octubre:

«Carabineros lo atrapa y procede a darle golpes en el suelo hasta dejarlo inconsciente, lo suben a la patrulla y lo despiertan enterrándole los dedos en los ojos y dándole patadas en la cabeza, lo que le causó la pérdida temporal de la memoria, la que fue recuperando al pasar de los días».

Gilda Zúñiga, abuela paterna

Según la abuela, el día lunes 25 de Noviembre, poco días después de su detención, la familia aún no sabía su paradero. Su padre Cristian Ríos, fue a PDI a poner una constancia por Presunta Desgracia y entonces le comunican que se encontraba preso.

«Ese mismo día su padre lo fue a ver, encontrándolo totalmente desfigurado, la cara hinchada, ojeras hasta las mejillas, cicatrices en su cara y su cuerpo, inflamaciones en el cráneo, una herida abierta en su torso, una marca de ahorcamiento en su cuello, con la ropa rasgada, sucia y con sangre; sin mencionar que había sido operado del corazón el 17 de julio de 2019 y que su cicatriz aún no estaba completamente cerrada»

Gilda Zúñiga, abuela paterna

El día 26 de Noviembre fue a visitarlo el Diputado Hugo Gutiérrez, quien no puedo verlo, explicándosele que se había cambiado de módulo, sin embargo él estaba en enfermería desde hacía ya 4 días, dice la abuela. La versión de que el Diputado estuvo en el complejo no ha podido ser ratificada hasta el momento.

Según su abuela el día 27 de Noviembre viajó desde Santiago y lo vió personalmente, encontrándolo en las mismas condiciones antes relatadas, «un poco menos inflamado, pero muy afectado tanto física como psicológicamente».

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Intento de suicidio y problemas sicológicos

Los problemas solo comenzaban ahí ya que, al ser trasladado por Carabineros a la Cárcel de Alto Hospicio, ahí es golpeado y acuchillado por internos del módulo 76, según cuenta la abuela paterna. Aunque, lo que quedó en el expediente, según Gendarmería y la abogada defensora, es que Lincoyán cometió un intento de suicidio.

En versión de la abuela el intento de suicidio se debió a que posteriormente al ataque de los internos, sin ayuda de Gendarmería, fue trasladado a una sala de castigo. En la desesperación habría intentado quitarse la vida.

«Lo llevaron a la cárcel de Alto Hospicio donde fue golpeado y acuchillado por los internos del módulo 76, abalados (sic) por los gendarmes que se encontraban presentes durante el ataque y que no le prestaron ayuda alguna, para luego llevarlo a una sala de castigo, dejándolo herido en el suelo. Fue tal su desesperación que intentó ahorcarse y solo entonces, debido a los gritos de otro interno, los gendarmes lo llevaron a la enfermería de la cárcel…».

Gilda Zúñiga, abuela paterna

Según la abogada defensora, con posterioridad al ingreso a la cárcel, el intento de suicidio fue detonado por problemas sicológicos que arrastraba. Hecho que fue informado al Juzgado de Garantías de Alto Hospicio el 29 de Noviembre (8 días después de su detención). En palabras de la defensora:

«Teniendo un intento de suicidio los días posteriores y además, de informar familiares que antes de ingresar al mismo estaba sujeto al programa de salud mental del consultorio
Pedro Pulgar, el cual se vio interrumpido por su privación de libertad».

Marcela Tapia Leiva, abogada defensora

Ya ese día la abogada solicitó «pueda ser trasladado al consultorio informado a fin de que se le suministre su tratamiento psiquiátrico, o bien, sea trasladado a la unidad psiquiátrica del hospital regional de Iquique», así como también la suspensión del procedimiento.

Pero entretanto Lincoyán seguía en la cárcel.

Drogadicción y prescripciones siquiátricas

Lo que ocurrió para salvarlo después del intento de suicidio es descrito el 5 de diciembre desde Gendarmería:

Así es como según Gendarmería desde el 23 de noviembre fue hospitalizado (a juzgar por la información habría sido en el mismo recinto penitenciario). El informe médico de la Unidad de Salud del Complejo Penitenciario es lapidario: Dependencia a la Pasta Base de Cocaína, Cigarrillo, abuso de sustancias y trastorno de personalidad, para lo cual tiene que tomar 3 medicamentos diferentes.

El problema es que además de esa situación de salud, habría que subrayar que para todos estos efectos, para Carabineros de Chile y los medios de control, tampoco importó que meses antes, el 17 de julio, Lincoyan fuese operado por una lesión en el ventrículo izquierdo del corazón. Lesión que aún no cerraba y que debía ser controlada el 9 de diciembre, como dice el informe de Gendarmería.

Considerando ese informe, para 11 de diciembre el Juez, Raúl Santander Padilla, del Juzgado de Letras de Familia, Garantía y del Trabajo, citó para una audiencia de cautela de garantías. Allí, el juez Nicolás Uson Caroca ofició a Gendarmería «a fin de que adopte todas las medidas pertinentes para resguardar la salud del imputado»

Sin embargo para el 30 de diciembre, a la siguiente audiencia, esta vez para analizar la suspensión del proceso, la situación seguía siendo crítica. Con los antecedentes que disponía el Juez Uson ofició al SML DE ARICA, a realizar un informe pericial de Lincoyan para saber si podía ser imputable, si existía una grave alteración o insuficiencia en sus facultades mentales que hicieran temer que pueda atentar sobre si o terceros, especificando, desde que momento se puede establecer la existencia de una alteración de sus facultades mentales y si estas pueden ser suprimidas por la suministración de farmacología.

¿Cuánto vale una vida?

La defensa volvió entonces a solicitar el 15 de enero una nueva Cautela de Garantías, para cuando se mantenía nuevamente recluido en el penal de Alto Hospicio.

«Si bien se tomaron los resguardos pertinentes en cuanto al intento de suicidio que tuvo mi defendido dentro del penal, en el sentido de suministrarle la medicación respectiva. El además tiene una afectación al corazón, respecto de la cual requerimos que vuestro tribunal autorice el traslado de aquel a la junta médica del hospital regional de Iquique, en la cual será nuevamente evaluado. Y porque, de lo último informado por el hospital ya mencionado a la actualidad no se le está suministrando el medicamento para su lesión en el corazón.

Marcela Tapia, Abogada Defensora

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El Magistrado Juan Pablo Ramírez, en audiencia el 20 de enero accedió a que finalmente Lincoyán fuese trasladado el 28 de enero de 2010 al Hospital Regional de Iquique, así como «se ordena el suministro urgente de los medicamentos cardiacos que ya han sido ordenados al Recinto Penal.»

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En Lincoyan se reúnen todos los terribles síntomas del dolor de la sociedad chilena: los problemas mentales de una sociedad enferma, la incapacidad del sistema de salud para dar respuesta a este tipo de demandas, una persona que frente al agotamiento del sistema político de legitimidad sale a la calle a descargar su rabia y toda su situación de pobreza, la respuesta de un régimen con más represión y menos comprensión. Al punto de casi quitarle la vida o de impedir incluso la toma de sus medicamentos para poder seguir vivo. ¿Cuánto vale una vida?

Ese es el Chile que hoy está dolido y que duele a los que aún tienen algo de sensibilidad y empatía por los otros.

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